miércoles, 16 de mayo de 2012

Encuentro entre dulce y salado

Después de más de 1.000 km, serpenteando desde Cantabria a Tarragona otros tantos pueblos y pagos, majestuoso, grande, asistido por cientos de afluentes, al fin, el Ebro se encuentra con el mar Tirreno, creando un ambiente agridulce y recostando en sus orillas miles de sedimentos que han ido -a lo largo de los años- creando un ecosistema de incomparable belleza y dimensiones -Isla de Buda-, en el que conviven miles de plantas y animales, en el que el ser humano ha establecido alguna fuente de riqueza, cultivo de arroz, hoy trasladado a otras poblaciones.
A lo mejor eso quedaba muy lejos, pero no tanto cuando se ha tenido la oportunidad de difrutarlo en vivo y en directo, navegando los últimos kilómetros hasta llegar a donde el río se hace mar; donde el mar -arte de la naturaleza- viste a la fauna con traje de sal, para la flora creando playas, tiñiendo de azul claro el agua que baja y de mil tonos amarillos el suelo que las forman.

6 comentarios:

  1. Sigue siendo igual de bonito que el año pasado... Por alli no ha pasado el tiempò

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  2. GUILLE: De inigualable belleza.
    LAURA: Para vivirlo sin los monstruos

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  3. Tuve la suerte de conocerlo el pasdo verano y me pareció un paisaje diferente, quizás porque de donde soy el agua por la que estamos rodeados es salada y aquel dulce-salado es una combinación que me gusta. Quién tenga la oportunidad de conocerlo que no deje de visitarlo, realmente vale la pena.

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  4. Este verano programo una escapadita. Al chucho lo dejo en Granada que no le gusta el agua.

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  5. GLORIA: Si vas, aprovecha y visita el eco-museo, sé que te va a ecantar.
    PERRO: Te lo recomiendo. A mí me gustaría ir al Coto Doñana.

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